Mostrando entradas con la etiqueta Agim Popa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Agim Popa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de septiembre de 2020

El burocratismo y el liberalismo como amenazas para el régimen socialista


«Un testimonio vivo de nuestra democracia socialista en acción es la amplia, organizada y efectiva participación de las masas trabajadoras en el gobierno del país en las más diversas formas, su importante derecho a decir su palabra en la solución de los problemas sociales y del Estado, el ejercicio de su control sobre todos y sobre todas las cosas. Nuestro Partido considera esta participación que está creciendo de forma más amplia y profunda, como la dirección del desarrollo de la democracia socialista, como una gran fuerza motriz para llevar adelante la construcción socialista, y, al mismo tiempo, como uno de los factores más importantes de la defensa de nuestro Estado y de nuestra sociedad de la amenaza de la degeneración burguesa-revisionista. Y una de las más profundas expresiones de esta participación efectiva de las masas en el gobierno del país es el control directo de la clase obrera y las masas trabajadoras, bajo la dirección del Partido, sobre todas las actividades sociales y estatales. El camarada Enver Hoxha ha demostrado con hechos indiscutibles que este control constituye un principio general y contante de nuestra sociedad socialista en cada una de las esferas y direcciones, una expresión del ejercicio de la dictadura del proletariado por la clase obrera en alianza con el campesinado, una de las más importantes direcciones de la lucha de clases por asegurar la victoria del socialismo, previniendo la degeneración del orden socialista, una gran escuela para la educación revolucionaria de la clase obrera y las masas trabajadoras. 

En los escritos del camarada Enver Hoxha se dedica una atención especial a los problemas de la lucha contra el burocratismo y el liberalismo, los dos enemigos peligrosos de la dictadura del proletariado y el socialismo. 

La experiencia histórica demuestra que las raíces profundas del proceso contrarrevolucionario y regresivo revisionista en la Unión Soviética y otros países ex socialistas se encuentran:

«En la burocratización gradual del aparato estatal socialista, su aislamiento de las masas populares, la creación de una capa privilegiada de burócratas, la introducción de métodos de expropiación, de desconfianza en las masas y de incumplimiento de basarse en ellas..., la disminución y debilitamiento de la democracia para las amplias masas trabajadoras». (Enver Hoxha; Sobre la dictadura del proletariado [Recopilación de obras], 1970)

Porque:

«Justamente, la ampliación de la burocracia creó el terreno propicio para la usurpación del poder por la camarilla revisionista jruschovista». (Enver Hoxha; Sobre la dictadura del proletariado [Recopilación de obras], 1970)

jueves, 15 de agosto de 2019

El humanismo del marxismo no toma como base el humanismo del cristianismo


«Atacando al marxismo-leninismo, a la revolución, al socialismo, la propaganda burguesa y revisionista habla en nombre de un humanismo al margen de las clases, por encima de ellas, «para todos», del humanismo de la benevolencia cristiana. Mas un «humanismo» tal es falso y fraudulento, porque justifica el régimen de opresión y explotación burgués y revisionista, porque aleja a las masas trabajadoras de la lucha revolucionaria por su derrocamiento, porque predica la sumisión, toma bajo su defensa a los enemigos del pueblo exigiendo que éstos tengan campo libre de acción a fin de minar y derrocar el poder del pueblo allí donde ha sido instaurado y restaurar la esclavitud capitalista.

Nuestro humanismo socialista no es para todos y no puede estar por encima de las clases, tampoco es el humanismo de la misericordia cristiana hacia el enemigo. En la sociedad de clases no hay ni puede haber humanismo general, al igual que no hay ni puede haber democracia para todos, hay para la mayoría trabajadora o para la minoría explotadora, o para el pueblo o para sus enemigos. En nuestra, sociedad no hay humanismo ni piedad hacia el enemigo que atenta contra el pueblo y el socialismo. Contra él actúa con puño de hierro la dictadura del proletariado.

En la sociedad socialista el método general de la actitud hacia los trabajadores que cometen errores, es el de la crítica como camaradas, de la persuasión y educación, a fin de combatir la enfermedad y salvar al enfermo, sin negar la necesidad de las medidas legislativas y administrativas contra los que persisten en sus errores e infracciones». (Agim Popa; El socialismo, régimen verdaderamente humano, 1987)

lunes, 25 de febrero de 2019

Los marxista-leninistas y la política de alianzas con otros grupos


«[Los marxista-leninistas] Asignan una importancia decisiva a la agrupación de las amplias masas populares en un frente. La experiencia histórica del Partido del Trabajo de Albania (PTA) en los años de la lucha antifascista de liberación nacional, nuestra revolución popular, también lleva a la misma conclusión.

«Al crear un amplio frente popular el Partido Comunista Marxista-Leninista no debe de ninguna manera poner sus esperanzas en las alianzas y la cooperación con los líderes de los diversos partidos políticos y organizaciones y centrar todos sus esfuerzos en ello. Sin descuidar este asunto, el deber del Partido, es que a través de un trabajo más amplio de ilustración y persuasión entre las masas, y especialmente a través de la organización de acciones concretas bien preparadas y bien consideradas, dedicarse a luchar desde abajo por la creación de la unificación del pueblo». (Enver Hoxha; Informes y discursos 1967-1968)

En este sentido, los partidos marxistas-leninistas no solo atribuyen importancia al establecimiento de organismos nacionales en los diversos frentes, sino sobre todo a la organización, propagación y funcionamiento de sus órganos –comités, consejos, secciones, etc.–  en base a la participación directa de las masas populares, como tribunos de la lucha y la acción revolucionaria de las masas.

Al tratar el problema de las alianzas y un frente común con otros partidos y fuerzas políticas, los partidos marxistas-leninistas no solo despliegan una feroz lucha para exponer los sermones de los revisionistas de todos los matices sobre una alianza con la burguesía, los partidos burguesas y las fuerzas reaccionarias, sino que también se expresan en contra de las alianzas y la cooperación con los mismos partidos revisionistas.

Básicamente, la línea del partido marxista-leninista es clara y completa hacia los revisionistas en todas las áreas, la línea de acercamiento y cooperación con ellos crea ilusiones dañinas entre las masas acerca de los revisionistas, conduce a actitudes centristas y oportunistas, cuyo resultado es la renuncia a la lucha contra el revisionismo.

Los partidos marxistas-leninistas también critican y rechazan las opiniones y actitudes extremistas y sectarias de aislarse y renunciar a cualquier cooperación y frente unido con otras fuerzas. Aquí se habla de fuerzas tales como los diversos partidos y organizaciones campesinas y pequeño burguesas de las ciudades, movimientos de carácter antiimperialista, patrióticos y democráticos, los llamados grupos, organizaciones y movimientos de izquierda. En lo que respecta a estos últimos, es necesario, sobre la base de un análisis concreto, que debe hacer una distinción clara entre organizaciones y grupos contrarrevolucionarios «izquierdistas», como trotskistas, anarquistas, terroristas y otros, contra los cuales los partidos marxistas-leninistas libran una lucha determinada, y los grupos pequeño burgueses de izquierda con sinceras inclinaciones revolucionarias, quienes, independientemente de sus debilidades, fluctuaciones y confusión ideológica que los caracteriza, son aliados potenciales de la clase obrera y su partido.

Sin embargo, los partidos marxistas-leninistas, al implementar la política de cooperación, alianzas y frentes comunes con otros partidos y fuerzas progresistas, siempre tienen en mente los intereses de la clase obrera, su papel principal y su objetivo final: la lucha por el socialismo. En consecuencia, mantienen su autonomía e independencia ideológica, política, organizativa y –en la lucha armada– militar. Al mismo tiempo, los partidos marxistas-leninistas no permanecen en la sombra y la cola de los acontecimientos, sino que luchan para asegurar su papel principal en el frente para que el frente único sirva a los objetivos revolucionarios de la clase trabajadora. Siguen una línea de unidad y lucha, buscando unir las fuerzas revolucionarias y progresistas con el fin de neutralizar la vacilación y aislar a los elementos incorrectos, divisores y saboteadores». (Agim Popa; Los partidos marxista-leninistas; la fuerza motriz del movimiento revolucionario actual, 1978)

lunes, 31 de diciembre de 2018

El sabotaje de la revolución, línea general de los revisionistas; Agim Popa y Vangjel Mosiu, 1984


«Otra dirección que siguen los revisionistas modernos para negar la necesidad de la revolución, del derrocamiento revolucionario de la burguesía, de la destrucción de la máquina del estado burgués y de la instauración de la dictadura del proletariado es la prédica de las tesis del XX Congreso del PCUS y de los eurocomunistas sobre el llamado tránsito «pacífico» y «democrático» al socialismo, mediante la vía parlamentaria y reformista, en el marco del legalismo burgués y de las constituciones burguesas. Pero en estas tesis ya conocidas de los revisionistas se halan también nuevos matices.

En sus actuales prédicas ha cobrado una amplia difusión especialmente la idea de que en ningún país, incluyendo los países capitalistas desarrollados, se plantea directamente la tarea de derrocar a la burguesía y pasar al socialismo. Mientras que los revisionistas chinos difunden el punto de vista de que la cuestión de la revolución no se plantea en absoluto en nuestra época, porque, pretendidamente, no existe en el mundo una situación revolucionaria, los revisionistas soviéticos y sus adeptos, y también los eurocomunistas, se han presentado con la tesis de que el camino hacia el socialismo en los países capitalistas desarrollados pasaría por una fase intermedia, la denominada «democracia antimonopolista». 

«La perspectiva de una amplia ofensiva contra el poder del capital [escriben los «teóricos» soviéticos] ha encontrado expresión teórica en el concepto de la democracia antimonopolista, elaborado por el movimiento comunista». ( Problemi mira i socializma, N° 2, 1983, pág. 51) 

Los revisionistas germano occidentales han incluido en su programa la «democracia antimonopolista», entendiendo con ella:

«Un período de transformaciones radicales, cuando la clase obrera y las demás fuerzas democráticas tienen una fuerza política e influencia parlamentaria tan grande como para formar un gobierno de coalición que represente sus intereses comunes». (Ibídem, N° 2, 1983, pág. 53) 

Puntos de vista similares propagan los revisionistas también en Austria, Francia, España, Gran Bretaña, Canadá, Brasil, Grecia y otros países.

martes, 4 de septiembre de 2018

El socialismo, régimen verdaderamente humano; Agim Popa, 1987


«Durante los 60 años transcurridos desde el día de la instauración del poder popular y el encauzamiento por el camino del socialismo, nuestro pueblo se ha convencido por la práctica, por su propia experiencia vivida, de la gran verdad marxista-leninista de que el régimen socialista es el único régimen verdaderamente humano que ha conocido la historia. Su carácter profundamente humanitario constituye uno de los rasgos fundamentales y más importantes de la fuerza atractiva del socialismo ante los ojos de las masas trabajadoras, de los pueblos y de las fuerzas progresistas.

La burguesía internacional y su propaganda anticomunista, a la que se han unido también todos los revisionistas modernos –yugoslavos, soviéticos, eurocomunistas, chinos, etc.–, se han empeñado en una furibunda campaña a fin de combatir esta fuerza atractiva del socialismo y denigrar al régimen socialista recurriendo a diversas formas. Por un lado, hacen esfuerzos para presentar al régimen capitalista como el régimen de la libertad, del bienestar, del humanismo, del florecimiento de la personalidad, del hombre, etc. Por otro lado, no se detienen frente a ninguna calumnia o falsificación dirigidas a oscurecer al verdadero régimen socialista como un régimen supuestamente antihumanitario, donde no hay libertades y donde es reprimida la personalidad del hombre. Sería suficiente mencionar los feroces ataques de la propaganda anticomunista llevada a cabo por los revisionistas jruschovistas, titoistas, trotskistas y todo género de enemigos, contra Stalin y la dictadura del proletariado en la Unión Soviética, por no hablar ya de la época de Lenin y hasta las continuas campañas de ataques y calumnias contra Albania socialista.

En lugar del socialismo edificado según las enseñanzas del marxismo-leninismo, la burguesía y los revisionistas predican y propagan el llamado «socialismo humano», de «rostro humano» como el «dubchekista» en Checoslovaquia, el «autogestionario» y «antiestatista» en Yugoslavia, el «democrático» ofrecido por los eurocomunistas o el de «Estado de todo el pueblo» predicado por los revisionistas jruschovistas en la Unión Soviética. Sus prédicas están dirigidas contra las enseñanzas fundamentales del marxismo-leninismo sobre el socialismo científico en general y, en particular contra las enseñanzas sobre la lucha de clases y la dictadura del proletariado, que supuestamente están en oposición al humanismo. Precisamente la difusión del liberalismo en todos los campos, la renuncia a la lucha de clases y el debilitamiento de la dictadura del proletariado constituyen la esencia de la agresión ideológica imperialista-revisionista contra Albania socialista apareciendo con la consigna del «humanismo».

martes, 28 de marzo de 2017

Las vacilaciones sin principios hacia la «izquierda» y la derecha, es un rasgo común del trotskismo


«Las vacilaciones sin principios a la «izquierda» y la derecha, la unidad a veces con los oportunistas de extrema derecha extrema y en otras ocasiones con los elementos extremistas y aventureros de «izquierda», es también un rasgo característico de los conceptos y actitudes de los trotskistas. Así, por ejemplo, por un lado, que persiguen la política así llamada del «entrismo», es decir, la fusión de los grupos trotskistas con otros partidos, entre ellos los partidos socialdemócratas derecha, mientras que por otro lado se tiende furiosamente a atacar la política antifascista de los frentes populares, describiéndolo como una «política oportunista de colaboración de clases». Por un lado los trotskistas ponen por los cielos el uso de la violencia al azar, apoyan e incitan a los anarquistas y los movimientos de «izquierda» que carecen de perspectiva y de un programa revolucionario claro, trayendo una gran confusión y desilusión en el movimiento revolucionario, como las revueltas caóticas de los grupos armados o la guerra de guerrillas no basadas en un amplio movimiento de masas organizado. Así, abogan por el aventurismo político y el golpismo, mientras que también por otro lado recomiendan para el movimiento obrero unas «estrategias» y «tácticas» en la lucha por el socialismo, que son idénticas a la línea reformista de los revisionistas de derecha. Véase la obra de Pierre Frank: «La Cuarta Internacional» de 1969 o la obra de Kostas Mavrakis: «Sobre el trotskismo» de 1971. Estas vacilaciones, la mezcla ecléctica de conceptos más derechistas con los de la extrema izquierda, no son solo una expresión de la naturaleza esencialmente pequeño burguesa del movimiento trotskista, sino también una manera de desintegrar y desorientar al movimiento obrero.

Todo esto demuestra que la característica fundamental de la política de hoy en día del trotskismo es, al igual que en el pasado, la revolución en las palabras y el debilitamiento y el sabotaje del movimiento revolucionario en la práctica». (Agim Popa; El movimiento revolucionario actual y el trotskismo, 1972)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

No solo el revisionismo trotskista tiene la característica de aunar en su seno desviaciones de izquierda y derecha. Otras corrientes revisionistas como el revisionismo chino o maoísmo, también se han caracterizado por reunir en un mismo seno tanto desviaciones derechistas e izquierdistas, y como su propio creador afirmó tanto los de la facciones de izquierda como las facciones de derecha pueden utilizar sus palabras para justificarse. En una corriente revisionista siempre habrá una tendencia que es más pronunciada que la otra, y generalmente suele ser el derechismo que suele primar sobre el izquierdismo por el desarrollo histórico que se ha dado en el movimiento revolucionario pero esto no siempre tiene porqué ser así, además debido a las particularidades de cada país, a la historia de la organización o a los nuevos cambios dialécticos del momento pueden estar más pronunciadas unas tendencias u otras. 

Si repasamos la obra de Lenin «Qué hacer» (1902), observaremos que en el capítulo: «¿Qué hay de común entre el economismo y el terrorismo?» hace una curiosa pero acertada comparativa entre ambas corrientes: desviacionistas de derecha los primeros y desviacionistas de izquierda los segundos, pero que albergan como hilo común el espontaneísmo, el pragmatismo y la alergia al estudio de la teoría cometiendo errores del mismo calado. Por tanto muchas veces los desviacionistas de derecha convergen con los de izquierda en el resultado de sus errores o en la motivación de ellos.

En el caso del trotskismo, podemos encontrarnos que rechazan la época de la IC de los frentes populares (1935-43), pero a la vez se quejan del llamado «tercer periodo» (1928-34) cuando la IC restringió los frentes «solo por abajo», cuando la IC stalinista calificó con demasiada ligereza a sus dirigentes como anaco-fascistas o socialfascistas –esto último algo que, por cierto, ya había ocurrido cuando Trotski, Zinoviev o Bordiga estaban en dicho organismo en los años 20–. En su día el marxista-leninista albanés Agim Popa señaló la inconsistencia de que los mismos que propagaban el entrismo como forma de militancia y proponen la alianza sin condiciones con todo tipo de grupos confusos.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Las teorías burguesas de Gorbachov para intentar enterrar el marxismo-leninismo y apaciguar la lucha de clases


«Los revisionistas han dejado caer todas sus máscaras. Ya no consideran necesario utilizar ni el término «marxismo-leninismo», ni las palabras «comunismo», «revolución» o «lucha de clases». La filosofía marxista-leninista ha sido sustituida por la filosofía de la perestroíka» llamada «nuevo pensamiento, que ha asumido el papel de una doctrina única y absoluta de la expiación del mundo actual y de la edificación del mundo futuro.

Las calumnias contra el socialismo, sobre todo contra Stalin, y la denigración de toda victoria de la revolución están de moda para toda suerte de plumíferos, filósofos y escritores, que se han adelantado incluso a los anticomunistas más furibundos. El abanderado es el mismo Gorbachov, que realiza esta labor con gran celo en diferentes encuentros y reuniones, dentro y fuera del país. En noviembre de 1987, con motivo del 70 aniversario de la Revolución de Octubre, la plataforma que presentó era ecléctica, del agrado de todos. Al parecer, tal acción le fue necesaria para asegurar apoyo al nuevo camino, para neutralizar a sus adversarios.

Así que habló demagógicamente. Mas el tiempo anda y con él Gorbachov, quien se ve obligado a dejar ver su verdadero rostro. Para esto escogió una tribuna de autoridad y a un auditorio selecto: la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. Allí planteó, más abiertamente que en otras ocasiones, su amplia plataforma teórico-filosófica, social y política de la interpretación de los procesos actuales y de la perspectiva del desarrollo mundial, presentándola como una nueva concepción con la que el mundo debe entrar en el siglo XXI.

Gorbachov ha asumido unir en un todo las ideologías y las filosofías contrarias, haciendo de la Perestroika y del «nuevo pensamiento político» el denominador común de todas las clases, sistemas sociales, pueblos y naciones de la época actual. Exige que todo el mundo, los opresores y los oprimidos, tengan un nuevo pensamiento común, una conciencia común o, como él la calificó, «conciencia del carácter común de nuestros destinos objetivos».

En el fondo, bajo un nuevo ropaje se sirve en bandeja la vieja idea de los oportunistas de toda laya, la de la reconciliación de clases, que ha sido y sigue siendo el arma ideológica preferida de las clases opresoras y explotadoras para justificar y perpetuar la explotación y la opresión de los hombres del trabajo y de los pueblos. Estas prédicas, denunciadas hace tiempo por el marxismo-leninismo y rechazadas por toda la experiencia histórica mundial, son ofrecidas por Gorbachov como un nuevo descubrimiento, como una nueva ideología de la humanidad.

Para dar a sus prédicas una «base objetiva», M. Gorbachov, a imagen y semejanza de sus antecesores oportunistas y revisionistas, desde Bernstein y Kautsky hasta Jruschov y compañía, se aferra a los cambios que se han operado en el mundo. «El mundo en que vivimos, dice en su discurso en la ONU, cambia radicalmente del de los comienzos e incluso de los mediados del siglo en curso, y sigue cambiando, al igual que todos sus elementos». Que en el mundo se han producido y se producirán cambios, esta es una verdad conocida que nadie pone en duda. Pero lo que Gorbachov calla es la cuestión: ¿Existen la opresión y la explotación? ¿Existen las clases con sus diversos intereses? ¿Existen la opresión nacional y la lucha por la independencia? ¿Existen el imperialismo y el capitalismo, el saqueo y la agresión por parte de éstos?

Ni el desarrollo de la revolución técnico-científica, ni los problemas globales «de toda la humanidad», en los que tanto insiste Gorbachov, ni la aparición de las armas misilísticas nucleares han hecho al capitalismo y al imperialismo razonables, humanitarios ni amantes de la paz. Al contrario, la explotación capitalista y el saqueo de los pueblos por el imperialismo han alcanzado en nuestros días niveles sin precedentes. Y mientras prosigan esta explotación y este saqueo, la clase obrera y los pueblos no podrán transigir con ellos, sus anhelos de libertad e independencia, de justicia y progreso social y la lucha por hacerlos realidad jamás podrán desaparecer. Si bien la burguesía y los revisionistas pueden frenar por cierto tiempo el ímpetu revolucionario de las masas trabajadoras, no pueden en cambio extinguir sus aspiraciones y sus esfuerzos por una vida y un futuro mejores, por una nueva sociedad, en la que todos disfruten los frutos de su trabajo en libertad y en pie de igualdad.

El objetivo de Gorbachov, que es el de todos los oportunistas y revisionistas, consiste en desvalorizar, en declarar caducas e inadecuadas para nuestra época la misión histórica del proletariado y las ideas del marxismo leninismo, de la revolución y de la liberación de los pueblos. Para él, el proletariado, su movimiento y su ideología ya no constituyen más la clase, el movimiento y la ideología que dan el tono a toda la vida de la sociedad humana y que determinan la tendencia fundamental de su desarrollo. Declara abiertamente que, en los cuatros puntos cardinales de globo, nuevos movimientos sociales y nuevas ideologías se están poniendo al frente de la historia. «La vida, prosigue, nos lleva a renunciar a los estereotipos y los puntos de vista caducos, porque sería ingenuo pensar que los problemas con que choca hoy la humanidad se pueden solucionar con medios y métodos aplicados o utilizados en el pasado» y aquí de lo que se trata es de la lucha de clases, de la revolución, que hoy, supuestamente, han dejado de constituir la fuerza motriz, la locomotora de la historia. Esta experiencia, producto de todo el desarrollo de la historia humana, según Gorbachov, corresponde a las prácticas y al mundo que han pasado y pasan a ser parte del pasado. Asimismo declara caducos y no válidos la Gran Revolución de Octubre, su experiencia, sus enseñanzas y su camino, porque «estamos ante un mundo diferente, para el que debemos buscar una vía diferente hacia el futuro». Pero era este mismo Gorbachov, quien hace tan sólo un año, en su discurso con motivo del 70 aniversario de esta Revolución, la consideraba «la esplendorosa hora del radiante amanecer de la humanidad». En dicho discurso afirmaba, y ahora se ve claramente que lo hacía por pura demagogia, que «1917 demostró que la opción entre el socialismo y el capitalismo es la única alternativa social de nuestra época, ya que en el siglo XX no puede haber progreso sin la transición socialista»; que «esta conclusión fundamental no tiene ahora menos valor que en la época en que la formuló Lenin», etc.

Ahora Gorbachov ha descubierto una «nueva ley». Si la historia de los siglos y milenios pasados ha sido, debido a la incompatibilidad de intereses e ideologías contrarios, una historia de duras luchas y batallas de clases, que han abierto el camino al progreso social, hoy hemos entrado, dice él, en una nueva época en la que toda esa ley no es sino una reminiscencia del pasado, puesto que «el progreso ulterior del mundo es posible gracias a los esfuerzos por un consenso general humano», y puesto que «el nuevo orden mundial estará determinado por los intereses generales humanos», etc.

Esta «nueva» filosofía de Gorbachov ha sido desenmascarada desde hace tiempo por Lenin y es rechazada por la propia realidad de nuestros días en todo el mundo:

«Según la teoría del socialismo, es decir, del marxismo. (...) La fuerza motriz verdadera de la historia es la lucha revolucionaria de clases. (...) 
Según la teoría de los filósofos burgueses, la fuerza motriz del progreso es la solidaridad de todos los elementos de la sociedad. (...) La primera teoría es materialista, la segunda idealista. (...) La primera sirve de base a la táctica del proletariado en los países capitalistas modernos. La segunda sirve de base a la táctica de la burguesía». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Otra vez el ministerio de la Duma, 1906)

Marchando sobre las huellas de Kautsky y tergiversando la realidad actual, Gorbachov difunde la falsa tesis de que «los desacuerdos y las contradicciones heredados del pasado se están reduciendo o desapareciendo», que, «a la par de las luchas, enemistades y escisiones entre los pueblos y países, otra corriente con causas igualmente objetivas emerge cada vez más: el proceso del surgimiento de un mundo integral e interdependiente». Así, pues, según él, hoy no se debe, no es deseable hablar de contradicciones y antagonismo entre la clase obrera y la burguesía, entre pueblos oprimidos y países dependientes y el imperialismo, ni entre los dos sistemas sociales opuestos: el socialismo y el capitalismo, incluso tampoco entre las mismas potencias imperialistas. Todo esto, es decir, las contradicciones fundamentales que radican en los cimientos de nuestra época, ya pertenecen supuestamente al pasado o están transformándose en parte integrante e irreversible de él (¡!). Gorbachov hace llamamientos a que todos juntos, no sólo los diferentes Estados, sino también obreros y capitalistas, pueblos oprimidos e imperialistas, busquen «la vía que conduce a la preponderancia de la idea general humana del ilimitado número de fuerzas centrífugas». (Agim Popa; Perestroika: ataque frontal contra el marxismo, la revolución y el socialismo, 1989)

Anotación de Bitácora (M-L):

La cita a la que hace referencia Agim Popa de Lenin que explica muy bien la diferencia entre la burguesía y el proletariado en sus teorías, es la siguiente:

«¿En qué reside el error fundamental de todos estos argumentos oportunistas? En que suplantan en realidad la teoría socialista de la lucha de clases, única fuerza motriz verdadera de la historia, por la teoría burguesa del progreso «solidario», «social». Según la teoría del socialismo, es decir, del marxismo –hoy no puede hablarse en serio de un socialismo no marxista–, la fuerza motriz verdadera de la historia es la lucha revolucionaria de clases; las reformas son un producto accesorio de esta lucha; accesorio, por cuanto expresan el resultado de los intentos frustrados por atenuar esta lucha, por debilitarla, etc. Según la teoría de los filósofos burgueses, la fuerza motriz del progreso es la solidaridad de todos los elementos de la sociedad, que comprenden el carácter «imperfecto» de tal o cual institución. La primera teoría es materialista, la segunda idealista. La primera es revolucionaria. La segunda, reformista. La primera sirve de base a la táctica del proletariado en los países capitalistas modernos. La segunda sirve de base a la táctica de la burguesía. De la segunda teoría se deriva lógicamente la táctica de los progresistas burgueses comunes: apoyar siempre y en todas partes «lo mejor»; elegir entre la reacción y la extrema derecha de las fuerzas que se oponen a esa reacción. De la primera teoría se deriva lógicamente la táctica revolucionaria independiente de la clase avanzada». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Otra vez el ministerio de la Duma, 1906)

sábado, 25 de junio de 2016

Lo que caracteriza al trotskismo en nuestros días


«Desde el punto de vista filosófico, la actual trotskismo, al igual que la del pasado, se caracteriza por ser voluntarista, por un subjetivismo que se manifiesta, entre otras cosas, en el hecho de no tener en cuenta las condiciones objetivas que determinan el desarrollo del movimiento revolucionario en el ámbito nacional y a escala internacional, por no tener en cuenta las fuerzas de carácter y motrices de la revolución en sus diferentes etapas. Los conceptos trotskistas también se caracterizan por el eclecticismo y el pragmatismo, la falta de principio estables, la confianza en conceptos totalmente opuestos, el paso de un extremo a otro, uniéndose con las más diversas tendencias en aras de una ventaja efímera, etc.

Desde el punto de vista ideo-político, hoy en día el  trotskismo se caracteriza, sobre todo, por la hostilidad hacia el marxismo-leninismo revolucionario. Esta es una característica general de viejo y nuevo trotskismo. Hubo un tiempo en que esto se expresaba en la posición trotskista hostil hacia Lenin y el leninismo. Más tarde se encontró su expresión en las posiciones hostiles de Trotsky y los trotskistas hacia Stalin, sus ideas, trabajo y liderazgo. En nuestro tiempo la hostilidad del trotskismo hacia el marxismo-leninismo se expresa en el hecho de que los trotskistas tratan de desviar la atención del movimiento revolucionario de lucha contra el revisionismo moderno y lo empujan hacia posiciones antistalinistas». (Agim Popa; El movimiento revolucionario actual y el trotskismo, 1972)

sábado, 7 de mayo de 2016

Los revisionistas modernos y sus teorías sobre la «vías específicas al socialismo» que saboteaban la revolución en los años 80

Chernenko, Castro y Brézhnev en 1981

«Las actuales prédicas de los revisionistas modernos prueban que el imperialismo, la burguesía, la socialdemocracia y los revisionistas modernos, tal como señala el camarada Enver Hoxha:

«Se han puesto a buscar un modus vivendi, una «sociedad nueva», híbrida, para apuntalar el sistema burgués capitalista, evitar las revoluciones y continuar oprimiendo y explotando a los pueblos, con nuevas formas y métodos». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

Sus puntos de vista acerca de la sociedad socialista son conocidos y no representan nada nuevo. Ante todo, niegan las leyes generales y los rasgos fundamentales de una verdadera sociedad socialista y predican los «socialismos específicos», de: «diferentes colores», que significa la omisión del único color justo, el que impone la dictadura del proletariado, socializa los medios de producción y desarrolla las fuerzas productivas hasta superar la ley del valor, la producción mercantil y por tanto, las bases materiales de la división de la sociedad en clases y del Estado. Es decir el socialismo científico, marxista-leninista. Esto ha sido ya «legalizado» también por los revisionistas soviéticos, quienes, tal y como escribe Konstantín Chernenko, se expresan por el:

«Respeto a la libertad de elección de los diversos caminos en la lucha por transformaciones sociales progresivas y por el socialismo». (Problemi mira i socializma, N° 10, 1983)

Erich Honecker se expresa por:

«El socialismo del color que sea». (Problemi mira i socializma, N° 6, 1983)

El Partido Comunista (revisionista) de Austria se atiene al punto de vista de que hay tantos modelos de socialismo como países socialistas y que el socialismo en Austria:

«Conservará asimismo los colores específicos de nuestro país». (Komunist, N° 3, 1983)

De manera más descarada plantean sus puntos de vista los revisionistas franceses: 

«Vistas de manera retrospectiva como particulares, las vías anteriores de tránsito al socialismo no pueden ser ni generales, ni transplantables. (...) En la Franca de 1983, por ejemplo, el socialismo específico no puede tomar como modelo ninguna otra forma de transición, porque ninguna puede pretender tener el valor de prototipo, independientemente de una eficacia que respondía a otras circunstancias». (La nouvelle revue internationale, N° 12, 1983)

En completa oposición con los conceptos de los revisionistas, los marxista-leninistas se atienen firmemente a la tesis de Lenin de que, naturalmente, el socialismo tendrá sus propias particularidades en diferentes países, pero los principios básicos y las leyes generales del socialismo permanecen inamovibles y son imprescindibles para todos los países y que todo alejamiento de los mismos conduce inevitablemente al revisionismo, al reformismo y a traicionar la causa del socialismo.

Para ver de qué tipo de «socialismo» hablan los revisionistas modernos, basta referirnos a los franceses, quienes predican la:

«Perspectiva del socialismo democrático y autogestionario. (...) La separación necesaria entre los partidos y el Estado, la necesidad del pluralismo ideológico y político, la importancia de una planificación descentralizada y contractual, el papel de una autogestión implantada a todos los niveles de la vida nacional», etc». (La nouvelle revue internationale, N° 12, 1983)

En esta especie de «socialismo», como escriben los revisionistas portugueses, en una etapa concreta, incluso bastante prolongada:

«Deben garantizarse las condiciones necesarias para el sector capitalista, de modo que, según sus posibilidades contribuya positivamente al desarrollo económico del país». (Problemi mira i socializma, N° 6, 1983)

En realidad, lo que predican los revisionistas es una sociedad híbrida capitalista-revisionista, que ni ha existido ni puede existir, en la cual, como señala el camarada Enver Hoxha: 

«Se entrelazan y coexisten elementos socialistas y capitalistas en la economía y la política, en la base y la superestructura. En su «socialismo» habrá cabida para la «propiedad socialista» y para la propiedad capitalista, existirán pues clases explotadoras y explotadas; a la par del partido de la clase obrera existirán también partidos burgueses; la ideología proletaria convivirá con las otras ideologías: el Estado en dicho «socialismo» será un estado donde todas las clases y todos los partidos tendrán poder». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Todo esto testimonia que los revisionistas modernos han sido y continúan siendo enemigos jurados de la revolución y del socialismo científico, enemigos del marxismo-leninismo». (Agim Popa y Vangjel Mosiu; Acerca de algunos problemas actuales de la lucha del Partido del Trabajo de Albania contra el revisionismo moderno, 1984)

miércoles, 2 de diciembre de 2015

La importancia de las obras de Enver Hoxha para desmontar al revisionismo chino a escala mundial

Portada en albanés del libro: «El imperialismo y la revolución» de 1978

«La publicación del libro: «El imperialismo y la revolución» de 1978, así como otras como: «Reflexiones sobre China» de 1979, estuvieron determinadas por la directa aparición en escena de una peligrosa variante de revisionismo, el revisionismo chino. Como se destaca por el camarada Enver Hoxha en uno de sus libros:

«Pero cuando el movimiento revolucionario crecía y se consolidaba en todo el mundo, cuando el capitalismo estaba cada vez mas atenazado por la crisis, y cuando el revisionismo jruschovista y otras corrientes del revisionismo moderno eran desenmascarados ante los ojos del proletariado y de los pueblos, en la escena mundial apareció abiertamente el revisionismo chino. Este se convirtió en íntimo aliado del imperialismo estadounidense y de la gran burguesía internacional para sofocar y sabotear las luchas revolucionarias del proletariado y de los pueblos». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

En particular, la propagación de la dirección del Partido Comunista de China de la teoría de los «tres mundos» que propone el abandono de las luchas revolucionarias de liberación nacional, y la reconciliación y la alianza con la burguesía, los regímenes opresivos antipopulares, con el imperialismo estadounidense y otras potencias imperialista suscitando confusión, decepción y división entre el pueblo y las filas del movimiento revolucionario, fue algo que planteó la necesidad de definir un claro límite entre el marxismo-leninismo y el revisionismo chino y el «pensamiento Mao Zedong» que constituye su base teórica. La obra: «El imperialismo y la revolución» realizó una contribución decisiva en la consecución de esta tarea.

La publicación del libro: «El imperialismo y la revolución»  tuvo un gran eco en la opinión pública mundial. Dicho libro se convirtió en objeto de cientos de comentarios y conoció de numerosas publicaciones en diversos países y variadas lenguas del mundo. Fue altamente apreciado por los auténticos marxista-leninistas de todos los continentes, por varias organizaciones y movimientos revolucionarios, especialmente en América Latina, África y Asia.

Junto algunas otras obras del camarada Enver Hoxha y otros documentos de nuestro partido, el libro: «El imperialismo y la revolución» jugó un rol primordial, en tanto que base ideológica y teórica de la nueva diferenciación que se operó entre las filas del comunismo mundial y revolucionario tras la aparición abierta del revisionismo chino y su denuncia. Esta diferenciación condujo a la creación de nuevos partidos marxista-leninistas y a la purificación de las influencias negativas del maoísmo entre los ya existentes. A este respecto, el libro del camarada Enver Hoxha fue especialmente importante para disipar las ilusiones difundidas por los revisionistas chinos en torno al «pensamiento Mao Zedong», al que supuestamente denominaron el marxismo-leninismo de nuestro tiempo y la fase superior de su desarrollo». (Agim Popa; Obra de gran valor todavía actual para la causa de la clase obrera y de los pueblos amantes de la libertad; A ocasión del décimo aniversario de la publicación del libro del camarada Enver Hoxha «El imperialismo y la revolución», 1985)

martes, 1 de septiembre de 2015

El fraccionalismo y el divisionismo del movimiento obrero; características fundamentales del trotskismo

Caricatura del trotskismo con varias citas de trotskistas incitando al fraccionalismo y el entrismo

«La división del movimiento revolucionario de la clase obrera constituye uno de los objetivos y rasgos distintivos más característicos del actual trotskismo. Objetivamente, el trotskismo de nuestros días puede ser descrito como un organismo especial en el servicio de la burguesía para la división del movimiento obrero, división que los trotskistas buscan elevar como principio, expresándose abiertamente ellos mismos contra la unidad en sus filas. Uno de los líderes e ideólogos presentes de trotskismo, Pierre Frank, escribe:

«De hecho, lo que es verdaderamente anormal en el movimiento obrero es el monolitismo, esta «unidad» que estrangula cada pensamiento político independiente en las filas de las organizaciones autodenominadas marxistas. (...) En lo referente a la historia del movimiento obrero se puede ver que esto está presente con frecuencia, como su historia está llena de luchas de tendencias y corrientes, en oposición teórica y política entre ellas. Esto era normal, para el progreso de la acción revolucionaria y el pensamiento no puede concebirse fuera de una confrontación incesante de teorías, situado y orientado a la realidad, y más aún en un mundo que está en un estado de convulsiones ininterrumpidas, en la que «algo nuevo» aparecer y surge cada día». (Frank Pierre; La Cuarta Internacional; La larga marcha de los trotskistas, 1969)

Por lo tanto, según él, no puede haber una cuestión de unidad en el movimiento obrero, su situación normal sería la división continua (!). De ello se desprende claramente en el concepto de constante división en muchas de las filas del movimiento trotskista, su continuo desmembramiento en una larga lista de grupos y fracciones en donde se desarman los unos a los otros entre sí, siendo esto no solo una expresión de debilidad y naturaleza pequeño burguesa, sino también una táctica para crear discordia y desintegrar las filas del movimiento obrero revolucionario». (Agim Popa; El movimiento revolucionario actual y el trotskismo, 1972)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

¿Cómo podríamos explicar al lector que es una fracción en un partido? Con las palabras del magnífico marxista-leninista español Pedro Checa:

«¿Qué es una fracción? Una fracción es un grupo que se organiza o funciona al margen de las normas establecidas en los estatutos del partido –célula, radio, asamblea, conferencia, etc.– a base de una plataforma propia y de una disciplina interior. Claro, que las fracciones no nacen como tales ya hechas. Se crean a través de los grupos, los núcleos militantes amigos, las tertulias, etc., que a través de coincidencias en la crítica o en la lucha contra determinados camaradas u organismos del partido van tomando forma y desarrollo». (Pedro Checa; Qué es y cómo funciona el partido comunista, 1937)

Una de las diferencias entre el trotskismo y el leninismo en el concepto organizativo de partido, era la cuestión de la permisión o no de fracciones en el partido, es de decir de plataformas paralelas al liderazgo legítimo y elegido por los órganos del propio partido como hemos visto en la definición anterior. Ante ello Lenin explica su posición frente a este fenómeno:

«Es necesario que todo obrero consciente comprenda con claridad el carácter pernicioso e inadmisible de todo fraccionalismo, el cual, pese a todo el deseo de los representantes de algunos grupos de mantener la unidad del partido, conduce sin falta en la práctica al debilitamiento de la labor aunada y a los intentos acentuados y repetidos de los enemigos del partido gubernamental, que se infiltran en sus filas, de ahondar las disensiones en su seno y utilizarlas para los fines de la contrarrevolución. (...) Por las razones expuestas, el congreso declara disueltos y prescribe disolver inmediatamente todos los grupos, sin excepción, que se hayan formado con tal o cual plataforma –a saber: «oposición obrera», «centralismo democrático», etc.–. El incumplimiento de este acuerdo del congreso acarreara la inmediata e incondicional expulsión del partido». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Informes en el Xº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, del 8 al 16 de marzo de 1921)

El trotskismo por medio de su líder declaraba sin embargo:

«La Cuarta Internacional nunca ha prohibido las facciones y no tienen intención de hacerlo. Las facciones han existido y seguirán existiendo entre nosotros». (Lev Trotski; Trotskismo y el PSOP, julio de 1939)

Y ello no fue un giro del trotskismo, ha sido la esencia de su principal líder desde sus inicios:

«Trotski, por un lado, representa solamente sus vacilaciones personales y nada más. En 1903, fue menchevique; en 1904, abandonó el menchevismo; en 1905 regresó al menchevismo haciendo gala de frases ultrarevolucionarias; en 1906 los dejó nuevamente; a fines de 1906 abogó por acuerdos electorales con los Kadetes –estando una vez más con los mencheviques–; y en la primavera de 1907, en el Congreso de Londres, dijo que difería de Rosa Luxemburgo en «matices específicos de ideas en vez de líneas políticas». Un día Trotski plagia del acervo ideológico de una facción, al siguiente día plagia de la otra, y después se declara por encima de las facciones». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Significado histórico de la lucha interna en el partido en Rusia, 1910)

lunes, 31 de agosto de 2015

Agim Popa hablando de las causas del repunte del trotskismo en los 70


«El renacimiento del trotskismo y sus causas

Después del XXº Congreso del PCUS de 1956, y especialmente después del XXIIº Congreso del PCUS de 1961, donde el renegado de Jruschov lanzó la salvaje campaña antistalinista, el trotskismo que había recibido duros golpes y había perdido toda influencia en las masas levantó la cabeza, reanudó su actividad a gran escala, y extendió sus venenosas raíces a muchas áreas y países del mundo. Como hongos después de una lluvia, los grupos y organizaciones trotskistas comenzaron a surgir en gran número en Europa, América y otras áreas.

En la actualidad, desde los años 60 en adelante, los trotskistas han agrupado en torno a cuatro centros principales: el «Secretariado Internacional», la denominada «Corriente Marxista Internacional», la «Secretaría de Latinoamérica», y el «Comité Internacional», en Londres, que reúne principalmente a los grupos trotskistas británicos, estadounidenses y canadienses.

Los grupos trotskistas en Europa Occidental son especialmente numerosos. Así, por ejemplo, varios de estos grupos han aparecido en Francia y llevan a cabo su perniciosa actividad: el Partido Comunista Internacionalista (PCI), que es la rama francesa de la IV Internacional; la Organización Comunista Internacionalista (OCI), una facción rival que no pertenece a la IV Internacional; la Alianza de Jóvenes por el Socialismo (AJS), la Alianza Revolucionaria Marxista (ARM); la Liga de los Comunistas (LC), el grupo Lucha Obrera (LO), etc. En España, también, varias organizaciones trotskistas están activas: el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), la organización Acción Comunista (AC), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). En Gran Bretaña la organización trotskista conocida como la Liga Socialista del Trabajo (LST) sigue activa. Varias agrupaciones trotskistas también han levantado la cabeza en muchos otros países como Alemania Occidental, Suecia, Bélgica, etc., y otros por toda Europa, y también en otros países como Ceilán y Japón en Asia.

¿Cuáles son las causas de la reactivación del trotskismo en la actualidad?

Las principales causas son las siguientes:

Por una parte, la resurrección del trotskismo está conectada a la involucración, en el movimiento actual del día de hoy, de estratos «intermedios», de la pequeña burguesía urbana, como los pequeños comerciantes, trabajadores no manuales, intelectuales, estudiantes, etc. quienes traen consigo en el movimiento la vacilación típica de la pequeña burguesía. Precisamente estas vacilaciones, esta inestabilidad pequeño burguesa, tiene inclinaciones que van de un extremo a otro, desde el anarquismo y el aventurismo, a un desenfrenado oportunismo de extrema derecha y el derrotismo, lo que constituye un terreno favorable para que el trotskismo florezca y especule con sus propios fines contrarrevolucionarios.

Finalmente, en el período actual, cuando la ola del movimiento revolucionario está en constante aumento, la burguesía instiga y apoya por todos los medios y caminos la extensión del trotskismo, aprovechándose de los sentimientos de protesta de las grandes masas trabajadoras y en particular de las masas de la juventud y los estudiantes contra el orden capitalista y de sus sinceras pero espontáneas inclinaciones revolucionarias, busca desorientarlos bajo fraseología ultrarevolucionaria, para desviarlos del verdadero camino de la revolución, para despistarlos en aventuras que no son perjudiciales para la burguesía, y les llevará a la desilusión. Esta es la razón por la que las editoriales financiadas por la burguesía, hoy distribuyen los trabajos trotskistas y la literatura trotskista ocupa grandes espacios». (
Agim Popa; El movimiento revolucionario actual y el trotskismo, 1972)

Anotación de Bitácora (M-L):

Aunque consideramos que esta afirmación es correcta es incompleta. La reactivación del trotskismo también está conectada con los errores oportunistas y falsas estimaciones del propio movimiento marxista-leninista en época de Stalin. Las concesiones ideológicas, los resultados nefastos de algunas de las políticas aplicadas y la falta de autocrítica, fueron factores que hicieron que el trotskismo tuviese una base propagandística real para construir su propaganda y de paso introducir de contrabando sus ideas antimarxistas.

jueves, 16 de abril de 2015

Agim Popa evocando que no hay unidad revolucionaria sin unidad de principios ideológicos


«La experiencia muestra que solo sobre la base de una lucha sin piedad contra el oportunismo y revisionismo de toda huella es posible preservar, fortalecer y continuar temblando la unidad marxista-leninista. Desde esta concepción, los «argumentos» de aquellos que quieren sofocar y extinguir la lucha contra el oportunismo y el revisionismo bajo el pretexto de «evitar polémicas» y preservar la «unidad» carecen de fundamento; de hecho, son centristas, antimarxistas y estafadores. El Partido del Trabajo de Albania y los demás partidos marxista-leninistas hermanos rechazan firmemente tales intentos. Ellos han librado y están librando una lucha de principios sin compromisos contra todos aquellos que han traicionado el marxismo-leninismo y dividen así la unidad revolucionaria, sean soviéticos, yugoslavos, italianos, franceses, españoles, chinos u otros». (Agim Popa; Los partidos marxista-leninistas; la fuerza motriz del movimiento revolucionario actual, 1978)

lunes, 13 de abril de 2015

Los trotskistas de hoy en día y el problema del partido de vanguardia

Imagen propagándística de la Cuarta Internacional trotskista fundada en 1938

«La hostilidad de los trotskistas tanto en el pasado como en el presente, hacia el movimiento obrero revolucionario, se ve claramente en torno con la posición que toman respeto al problema del partido proletario. El punto de vista trotskista sobre esta cuestión pude resumirse así:

Primero, de acuerdo a los trotskistas, la existencia y liderazgo del partido proletario marxista-leninista no es absolutamente necesario en la lucha para derrocar a la burguesía y el triunfo del socialismo. Como el trotskista Pierre Frank dice en su libro: «La Cuarta Internacional» de 1979, León Trotski mismo pronosticaba en sus escritos, aunque como una posibilidad poco frecuente y en circunstancias extraordinarias, que:

«La revolución podría ser victoriosa incluso bajo un liderazgo que no fuera marxista revolucionario». (Frank Pierre; La Cuarta Internacional; La larga marcha de los trotskistas, 1969)

A lo cual añaden que después de la Segunda Guerra Mundial casos de este tipo han tenido lugar. Es evidente que en esta cuestión no hay diferencia esencial entre el punto de vista entre los trotskistas y el que abogan los yugoslavos, italianos y otros revisionistas modernos. Es sabido por todos que tales argumentos apuntan a dejar a la clase obrera sin una verdadera dirección revolucionaria y solo sirven para socavar la revolución y a mantener a la clase obrera en la esclavitud capitalista.

Segundo, los trotskistas están en contra del liderazgo indivisible del partido proletario marxista-leninista después de la toma de poder de la clase obrera y, junto con distintos ideólogos revisionistas derechistas y burgueses abogan por el sistema multipartidista en el socialismo. Aquí está lo que el trotskista Pierre Frank escribe en conexión a esto mismo:

«En sociedad del periodo de transición al socialismo la clase obrera todavía se mantendrá diferenciada por un largo periodo en donde diferentes estratos tendrán diferentes puntos de vista concernientes a la relación entre sus necesidades cotidianas y sus intereses a largo plazo. Por lo tanto habrá espacio para los diferentes partidos en la sociedad de transición, algunos de más carácter reformista, otros de más carácter más revolucionario». (Frank Pierre; La Cuarta Internacional; La larga marcha de los trotskistas, 1969)

Así, que esto se resume en una cuestión de una existencia de varios partidos llamados obreros, los cuales excluyen el liderazgo de un solo partido de vanguardia de la clase obrera según la teoría marxista-leninista. Pero en estas circunstancias la existencia de una verdadera dictadura del proletariado es imposible, y este tipo de posibilidad solo entra en los cálculos de los trotskistas. De misma forma, el hecho de que ellos han llevado y continúan llevando una campaña contra el sistema soviético «stalinista», que encarna los principios fundamentales de la dictadura del proletariado, es el más evidente testimonio de su hostilidad hacia el Estado de dictadura del proletariado.

Tercero, mediante la promoción de la revolución mundial, y bajo una subestimación del rol internacional, factor en el movimiento revolucionario, los trotskistas consecuentemente subestiman el rol del partido proletario sobre una escala nacional y hablan de una necesidad de un partido mundial. Y dado que según ellos que:

«No existe el socialismo en un solo país, el instrumento de la revolución mundial no puede ser otro que el partido mundial». (Frank Pierre; La Cuarta Internacional; La larga marcha de los trotskistas, 1969)

Esto en esencia significa eliminar el verdadero papel del partido proletario, para el proceso revolucionario mundial que en las condiciones actuales no se puede concebir otro que un desarrollo y triunfo de la revolución en diferentes países: que se da por lo tanto a escala nacional, bajo el indispensable y completamente responsable liderazgo del partido proletario, en cada país.

Cuarto, los trotskistas, aunque en sus palabras se autoproclaman como consistentes  y de hecho los únicos, herederos de Lenin, en realidad son obstinados opositores de los principios leninistas concernientes a la vida interna del partido proletario. Bajo el pretexto de «democracia» y «libertad de pensamiento», ellos se oponen en particular al principio de centralismo y unidad de pensamiento y acción, a la disciplina de hierro en el partido; sin el cual de todo esto último es algo amorfo y desorganizado, un club de eternas discusiones, incapaz de emprender cualquier tipo de acciones revolucionarias, mientras la democracia interna se transforma en un medio para desintegrar y liquidar el partido. El partido de tipo leninista fue descrito por Trotski en sus tiempos como un «régimen cuartelero», y las normas leninistas como burocráticas y dictatoriales. De acuerdo con esto, el partido debe ser una unión sin principios de todas las facciones o tendencias que se autoproclaman así mismas como socialistas o comunistas como dice Jean-Jacques Marie en su libro: «El trotskismo» de 1970. A día de hoy los trotskistas también abogan por el faccionalismo y apoyan:

«La libre discusión y el derecho de formas tendencias, sin la cual es negada la verdadera actividad política». (Frank Pierre; La Cuarta Internacional; La larga marcha de los trotskistas, 1969)

También sobre esta cuestión la posición de los trotskistas es idéntica a la de los revisionistas de extrema derecha del tipo de Ernst Fischer o Roger Garaudy, o de los grupos de izquierda estilo Manifiesto que abiertamente y no en forma camuflada como los trotskistas se oponen a las enseñanzas leninistas sobre el partido». (Agim Popa; El movimiento revolucionario actual y el trotskismo, 1972)

Anotación de Bitácora (M-L):

Se ve claramente con esta exposición de las tesis trotskistas sobre el partido, que las ideas trotskistas se extendieron en otros revisionismos posteriores como el soviético (1), chino (2), yugoslavo (3) o eurocomunista (4). Esto se ve en conceptos como: (1) la negación de los principios elementales del Estado de la dictadura del proletariado; (2) la negación del centralismo democrático y la permisión e incluso teorización de la necesidad de promoción de diversas tendencias y plataformas en el partido; (3) la negación del rol del partido en la revolución socialista y hablar de la posibilidad de avanzar en la construcción socialista sin su partido marxista-leninista; o (4) la intención de dividir el poder del partido marxista-leninista y alentar el crear un multipartidismo en el socialismo. 

Sabemos que en la política contemporánea el revisionismo del socialismo del siglo XXI se declara heredero de toda esta coctelera de ideas antimarxistas: bien porque sus miembros se reconocen a título personal como trotskistas o bien porque siendo autoproclamados seguidores de otras corrientes con vestigios trotskistas como los revisionismos vistos, han hecho que de una forma u otra, siendo trotskistas conscientes o inconscientes hayan reclamado parte de estas tesis. Partidos como el PSUV en Venezuela, el PT en Brasil, el FSLN en Nicaragua, SYRIZA en Grecia o Podemos en España cuentan con varias caras importantes entre sus cabecillas que proceden del trotskismo o que incluso hoy día se reclaman como tal, y son parte fundamental para que estos partidos adopten tales tesis.

Lo que de paso nos muestra también, que la existencia de partidos trotskistas, de partidos herederos del trotskismo, o de otros partidos de corrientes revisionistas antes mencionadas con estas mismas tesis trotskistas certifica que lejos de estar ideológicamente enterrado, el trotskismo se encuentra vivo en el pensamiento de ciertos individuos y grupos colectivos de nuestra sociedad. De ahí lo chabacano e irónico que son muchas organizaciones revisionistas que hablan contra el trotskismo cuando alaban por otro lado a los revisionismos que tienen mil vestigios del mismo, estando conectado a él ideologicamente como hemos demostrado ya sobradamente por sus tesis recíprocas en un lado y otro. 

lunes, 6 de abril de 2015

Agim Popa sobre las diversas tendencias revisionistas que predican la unión del marxismo-leninismo y la religión

El marxista-leninista albanés Agim Popa en 1980

«Las prédicas del «pluralismo ideológico» constituye además una de las direcciones más expandidas entre los ataques directos al marxismo-leninismo por parte de los revisionistas modernos. Prueba nuestra afirmación el hecho de que en la prensa revisionista –incluida como es obvio la prensa soviética–, se ensaye sobre la «posibilidad» de conseguir el socialismo con: «el Corán en una mano y El Capital de Marx» en la otra» o «con la cruz en una mano y la hoz y el martillo en la otra», etc.

Los revisionistas modernos han extendido éste «pluralismo ideológico» incluso a nivel del partido de la clase trabajadora mismo, al abogar por la coexistencia entre las más variadas concepciones filosóficas en el seno de éste, incluidas las religiosas.

Claro está que sin el marxismo-leninismo no puede hablarse ni de destrucción de la burguesía y transición al socialismo, ni de la construcción del socialismo y del comunismo, ni tampoco del verdadero partido revolucionario de la clase obrera. Como expusiese el camarada Enver Hoxha, las teorías del revisionismo burgués titoista, jruschovista, eurocomunista y chino son componentes activos de la estrategia del imperialismo y del revisionismo moderno para estrangular la revolución y las luchas de liberación, para perpetuar la dominación burguesa y destruir el socialismo.

Por lo tanto, defender la pureza del marxismo-leninismo y sus enseñanzas fundamentales del falseamientos y ataques revisionistas, ya sean abiertos o enmascarados, es una gran tarea revolucionaria». (Agim Popa; El XXº Congreso del PCUS y la evolución de los revisionistas modernos, 1981)